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Por Ramón Peralta

No son pocos los que se han sorprendido por la tumultuosa respuesta y actos de protestas que ha generado el brutal asesinato de que fue víctima George Floyd en manos de la policía. Esa sorpresa también fue acompañada por expresiones teñidas de ignorancia, en el caso de aquellos que han manifestado que los afroamericanos o negros se merecen la brutalidad policial como repuesta a su conducta social.

Los que así se expresan, son personas que desconocen la historia, no solo del comportamiento brutal contra el negro en América, si no también, de cómo eso surgió con el establecimiento de las instituciones legales que dieron origen al estado americano.

Las bases legales o institucionales que los fundadores imprimieron al estado no contemplaron el reconocimiento cabal del negro como persona humana con los plenos derechos que este se merecía y como se establecía para los demás ciudadanos del estado, que en su mayoría eran blancos. Los negros o afroamericanos pasaron a ser “medios” ciudadanos, es decir, no ciudadanos completos. Ese criterio, que lo suscribe el Presidente Trump, tuvo su raíz en la idea, concebida por los blancos, de que los habitantes procedentes de África, y por supuesto esclavos, eran miembros de una raza diferente e inferior y cuya condición era transmitida de generación en generación. En ese sentido se concibió, que los negros, tanto libres como esclavos, transmitían su condición de sub-persona, o de inferioridad, a sus herederos. El negro por tanto, no era considerado un ciudadano completo y así mismo era tomado en la votación: el negro no se contaba como un voto completo, al mismo tiempo que se le impedía la participación electoral.

También la condición de ciudadano, que para los grupos blancos era obtenida por nacimiento, eso no se aplicaba a los ciudadanos de color, es decir, el negro, no importara que naciera en tierra americana no se consideraba ciudadano por nacimiento. Por tanto, el riesgo de la exclusión o expulsión era algo constante en la vida del ser humano de color.  En algunos estados y ciudades del norte se acuñó el término en inglés  “denizens” para referirse a los negros y que era una condición aplicada a un individuo que no se consideraba ni nativo, ni extranjero y que por lo tanto, quedaba en el limbo. También se concibió lo que se denominó la “colonización”, que consistía en buscar regiones fuera de Estados Unidos para enviar a los negros o afroamericanos, que no se adecuaban a los criterios del ciudadano y donde ellos se sintieran como si fuera su tierra. Así corrió su suerte el racismo en la nación americana.

Durante casi un siglo, esa fue la condición que vivió el afroamericano o negro en los Estados Unidos, hasta que se produjo la Guerra de Secesión y posteriormente, en 1868,  la aprobación de la Enmienda 14, que dio estatus legal de ciudadano al afroamericano o negro y por consiguiente mas tarde, a los hijos de inmigrantes nacidos en territorio americano. Aún con la aprobación de dicha enmienda, el afroamericano siguió sufriendo la segregación social y los  maltratos contra sus derechos políticos. En el Sur los afroamericanos continuaron siendo marginados y el ostracismo social fue un práctica común que el negro padeció aun cuando la ley lo prohibía. El acceso a los derechos civiles como la educación, el empleo y la participación en la actividad política era un asunto comúnmente vedado al afroamericano. Al mismo tiempo, los reclamos ante la ley para el negro se hacían cuesta arriba y casi imposible de llevar a cabo. La justicia se hizo ciega y los linchamientos de negros por cualquier falta menor se constituyeron en una práctica muy común en el Sur.  Miles perdieron la vida por este procedimiento, sobre todo durante el período conocido como “Jim Crow” y cuando tomaron auge las actividades de los grupos racistas del Ku Klux Klan.

Esta atmósfera de exclusión, maltratos y discrimen condujo a la creación de guetos negros de pobreza y marginalidad en las grandes ciudades tanto del norte como del sur. Los condicionamientos impuestos por una sociedad de trato injusto hacia al afroamericano dieron lugar al surgimiento de patrones sociales que consideraban al negro como vago e inclinado a la criminalidad. Estos prejuicios son los que han alimentado la brutalidad policial hacia el negro y la que hoy ha recibido una repulsa colectiva de la sociedad civil por el vicioso y brutal crimen contra George Floyd en la ciudad de Minneapolis. Dicho asesinato es un ejemplo de cómo el racismo institucionalizado ha alimentado la furia policial y de otros grupos hacia los afroamericanos a través de la historia. En ese sentido, el racismo no cayó del cielo y no sucede porque si, como muchos suelen concebir.

   


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