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Por Ramón Peralta

En la obra titulada “La Abolición de todos los Partidos Políticos”, escrita en el 1943, la autora Simone Weil, plantea interesantes interrogantes sobre la existencia de los partidos políticos, que nos hacen pensar sobre la validez y razón de ser de estas instituciones, que son partes de nuestro diario vivir en el mundo político donde vivimos.

Usualmente tomamos los partidos políticos como un hecho dado y no nos detenemos a pensar sobre la razón de su existencia y si responden o no a nuestras expectativas y de la sociedad en que vivimos.  En ese sentido, la autora introduce una serie de cuestionamientos que llevan a descalificar a los partidos como legítimos portadores de los mensajes que dicen transmitir.

La mayoría de los partidos basan sus mensajes en elementos que descansan en la pasión en vez de la razón y en ese sentido, según la autora, todo partido político se identifica por las tres siguientes características: “1) Un partido político es una maquinaria para generar pasiones colectivas. 2)Un partido político es una organización designada a ejercer presión colectiva sobre las mentes de todos sus miembros. 3)El primer objetivo y la última meta de todo partido es su propio crecimiento sin límite.”(pg.11)

Partiendo de esos tres principios, podemos decir, que los partidos aunque suelen decir que están apoyados por principios doctrinarios, no lo son, ya que una doctrina no es un producto que proviene de una colectividad. No es extraño por eso, que la propaganda sea el principal instrumento que usa todo partido para darse a conocer. Esa propaganda se resume en atractivos slogans que están lejos de educar a sus seguidores y lo que buscan es arrastrarlos a seguir personajes, como si fueran un ganado o recua de animales. La evidencia de esta realidad se pone de manifiesto en la campaña política, que hoy se difunde claramente en los medios y cuyo fin mas que todo, es destacar las cualidades personales de un candidato pero no los principios que hay detrás de lo que dice proponer. Principios es lo que menos exponen los partidos en sus propagandas.

Las campañas políticas, como instrumento del partido para llegar al público en general, están caracterizadas por la superficialidad porque lo que mas importa no es el convencimiento racional de una meta clara sino el arrastre colectivo. En ese sentido, la autora antes mencionada dice: “Los partidos políticos son maravillosos mecanismos que, a escala nacional, aseguran que ninguna mente en particular puede intentar percibir, en los asuntos públicos, qué es bueno, qué es justo y qué es verdad.”(pg.24) En verdad, a los partidos políticos no les interesa que sus seguidores conozcan la total realidad de los problemas políticos que acosan a una sociedad. Por eso es que los políticos van y vienen y los problemas de la sociedad permanecen iguales, con la excepción de un pequeño grupo, que no importa quien ocupe el poder, son siempre los beneficiados. En ese sentido, los partidos políticos solo tienen explicación para estos pequeños grupos pero no para la comunidad en general; en realidad no son otra cosa que partes del juego de un engaño, donde los que sacan la mejor parte son los que financian el proceso para su provecho. Ese precisamente es el retrato de la política de los partidos del sistema político norteamericano. En ese sentido, la Sra. Weil dio en el clavo en sus análisis de casi un siglo atrás.

 

 


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