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Por Ramón Peralta

En la entrega anterior decíamos que la historia americana había sido sometida a muchas manipulaciones para amoldarla a la visión que de ella tienen grupos selectos y para quienes los fines de la historia es la exaltación de héroes al margen del verdadero autor de los hechos, que es el pueblo en general. Además, hicimos hincapié, que para hacer frente a esa visión, habían surgido nuevos enfoques de la historia donde se toman como base del análisis, mas que los hechos heroicos, los factores socio-económicos, para de esa manera tener una visión real y total de los hechos. Lo que influenció para dar lugar a ese cambio fue el desarrollo del proceso de industrialización iniciado a finales del siglo XIX. La economía comenzó a ser vista como un factor importante en los cambios sociales, dando lugar a que muchos historiadores en las décadas posteriores fueran influenciados por  las concepciones de Marx y lo que luego se denominó la escuela de los Annales en Francia. Ambas escuelas ponían a la economía como elemento importante en el análisis de la historia social.

Partiendo de esa influencia se echó abajo el sentimentalismo para dar paso al análisis de la realidad o a los reales motivos humanos que motorizaron la historia. Los historiadores sociales en las últimas tres décadas se han concentrado en la experiencia de los desclasados,  los pobres, los perseguidos y los llamados de afuera, o inmigrantes.

Debido a ese enfoque, se han desmantelado múltiples prejuicios arrastrados por la vieja historia,  la que se centraba en ocultar las verdaderas raíces del sistema económico dominante y que presentaba la causa de la pobreza en la mala suerte y la falta de carácter del individuo. La historia social se concentró en poner atención al grupo por encima de la celebración del individuo como elemento primario en el estudio de la sociedad.

La visión individualista de la historia tuvo su vigencia por alrededor de dos siglos hasta que hizo su aparición la historia social, ya concentrada en el enfoque de ver la historia de abajo hacia arriba, es decir, totalmente opuesta a la visión tradicional enfocada en los hombres de gobierno, generales, diplomáticos, intelectuales e instituciones de élite. De esa manera se desenterró o se puso de relieve el papel que los hombres y las mujeres, catalogados de la baja sociedad, desempeñaron en la edificación del estado americano.

Para lograr ese paso, la nueva historia contó con el auxilio de ciencias como la sociología, la economía, la psicología, la demografía y otras ciencias, que son fundamentales para desentrañar la realidad social.

Como consecuencias de estos avances, se multiplicaron los estudios históricos para desenterrar las raíces del racismo, dando lugar a una nueva visión de la historia americana en la que además se ponían en perspectiva el papel desempeñado por las minorías en el proceso americano. Eso conllevó a que como nunca antes se expusieran en los textos históricos las atrocidades cometidas contra los negros, los nativos y grupos de inmigrantes, en nombre de un sistema que se catalogaba como abanderado de la libertad y la justicia. Esa nueva historia se distinguía de la del pasado por dar relevancia a los hechos y no a la absurda imaginería. Para eso los nuevos historiadores adoptaron técnicas mas sofisticadas de investigación alineadas con las de las ciencias naturales, dando así un sentido de mas credibilidad al hecho investigado. El método cuantitativo pasó a ser mas usado en la búsqueda de la verdad del pasado. De esa manera, se fue desplazando la biografía, la historia religiosa y la política como las categorías mas predominantes en el análisis historiográfico.

No hay lugar a dudas, que con el nuevo desarrollo de la investigación histórica llegaron a su fin la superstición, el fanatismo y otras formas del absolutismo intelectual y político. La historia real entonces dejó de ser el oficio de improvisados practicantes para convertirse en una auténtica ciencia de la realidad del pasado. Esto conllevó el destronamiento de muchas falsedades que se habían entronizado como “verdades” históricas y a esos logros fue los que el presidente Trump catalogó erróneamente como un “peligro” para las presentes generaciones. De manera que, el que está de espalda a la realidad de la historia con sus infundadas afirmaciones, es el propio presidente, que estamos seguros desconoce la real historia de su país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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