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Por Ramón Peralta

Ante el anuncio de que ya tenemos a manos diferentes vacunas para hacer frente a la pandemia del Covid-19, la pregunta que nos hacemos es, cuándo esas vacunas estarán disponibles para inmunizar a los mas pobres y por supuesto a los inmigrantes.

Para muchos la pregunta no tiene sentido, sobre todo para aquellos que dan por sentado que la democracia es un sistema político donde prima la igualdad para todos sin distinción de clase o status social. Tal concepción es introducida como si fuera una creencia religiosa en los sectores mayoritarios de las capas bajas por los medios que usa el sistema aun cuando en la práctica se lleva a cabo todo lo contrario. Aquí en Estados Unidos, que se considera la democracia por excelencia, existen disparidades económicas que dejan mucho que desear y que conducen en la práctica a políticas discriminatorias cuando se trata de  asuntos sociales, como la educación, la salud, la vivienda, el empleo, etc.

El momento presente de la pandemia ha puesto al desnudo esa realidad. Los datos nos revelan, que la proporción de afectados y de muertos han tocado mayoritariamente a los sectores bajos de la sociedad, que pertenecen a los afroamericanos, hispanos y nativos mas que a ningún otro grupo. De esa manera vemos como el número de muertos entre los negros es el doble que el de los blancos, y el de los hispanos ha sido 1.5 veces mas. Las razones son obvias. Estos sectores son los que carecen, por razones económicas, de los servicios de salud mas elementales, ya que, sus recursos no les permiten acceder libremente a unos servicios de salud controlados por el sector privado y con costos y precios sumamente elevados. Las instancias en que afroamericanos e hispanos han muertos al ser rechazados a los cuidados contra el covid-19 han sido múltiples.

No hay que olvidar, que el rechazo se ha debido a que la mayoría de las capas bajas carecen de los seguros privados  que  son los que determinan que una persona pueda recibir o no los servicios adecuados de salud que necesita. Esa es la razón que ha motivado que en los últimos años algunos sectores políticos estén insistiendo en la necesidad del acceso gratis a los servicios de salud, ya que se calcula que entre 30-40 millones de norteamericanos carecen de tan preciado servicio. Precisamente, los efectos de la pandemia han puesto de manifiesto esta realidad, poniendo en juego las vidas de miles de ciudadanos cuyas comunidades no tienen acceso a los servicios de salud. El gobernador del estado de Nueva York, Mario Cuomo, se hizo eco de esta situación al expresar que “las pruebas de coronavirus estaban mas disponibles en comunidades blancas y ricas, pese a que la tasa de infección eran mas altas en zonas negras, hispanas y pobres.”

En el mismo orden, el criterio que la administración Trump ha establecido para distribuir las vacunas en cadenas farmacéuticas y hospitales,  instituciones privadas cuyo fin es el lucro económico y de poco acceso a los sectores pobres, los que tradicionalmente han sido discriminados, es un indicativo de que las vacunas no serán fácilmente accesibles a los pobres y a los grupos de inmigrantes que caen dentro de esta categoría. No hay lugar a dudas, que si las vacunas se distribuyen como se ha anunciado, los sectores pobres seguirán sufriendo los efectos de la terrible pandemia con su secuela de muertes y destrucción familiar.

 

 

 

 

 

 

 


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