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Por Ramón Peralta

Es ya costumbre de nuestros políticos de la democracia, usar los mecanismos del miedo para seducir a los votantes a seguir consignas, la mayoría de las veces ajenas a la realidad y totalmente distorsionadas de los principios de las ciencias políticas. La mas común de estas distorsiones son las aplicadas al término “socialismo”. Cada vez que se invocan reivindicaciones concernientes a remediar  necesidades de las masas populares, que claramente no están en contradicción con los reales principios de la democracia, hay políticos de la derecha que levantan la voz para proclamar que estamos al borde del “socialismo” cuando en realidad sucede todo lo contrario de lo que ese sistema político representa. Eso se puso en evidencia en las pasadas elecciones cuando el ex presidente Trump levantaba la voz del peligro del “socialismo” cada vez que sus opositores, los Demócratas, reclamaban la puesta en práctica de ciertas medidas en favor de las capas bajas.

El socialismo como sistema político tiene como base la apropiación por parte del estado de los medios de producción y por tanto, anula lo que se da en llamar la propiedad privada. Aunque desde la antigua Grecia, se hablaba de socialismo, es con las teorías de Karl Marx cuando el término adquiere status propio en el campo de las ciencias políticas y la economía. En la práctica política recibió su primer impulso con la instauración en el poder de la Revolución Rusa en octubre de 1917 y que dio lugar a lo que se llamó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Otras naciones se asimilaron a ese proceso, trayendo como consecuencia después de la Segunda Guerra Mundial, al establecimiento de dos bloques políticos: el socialista, que promulgaba la abolición privada de los medios de producción y la explotación obrera; y el capitalista, que reafirmaba la propiedad privada como centro de su sistema.

Por muchos años el mundo político estuvo polarizado entre estos dos sistemas, aunque cabe decir, que en la práctica surgieron sistemas mixtos, es decir, que asimilaban elementos de ambos sistemas, haciendo énfasis en lo que se dio en llamar la justicia social y al establecimiento de políticas para beneficios de las masas obreras y pobres. Dentro de este contexto surgieron lo que se denominaron las social-democracias, que se establecieron y todavía existen en Europa y que implementan políticas que marcan una gran diferencia con lo que hoy conocemos como la democracia americana, que cada vez mas se inclina a fortalecer la reducida minoría rica, conduciendo la sociedad a una polarización económica mas extrema.   

A pesar de que el socialismo ha desaparecido, aquí en Estados Unidos todavía es usado por partidos de la ultra derecha, que lo utilizan totalmente fuera de contexto para inculcar el miedo en las gente del común cuando se presentan propuestas políticas para combatir problemas seculares que afectan las masas pobres y que legítimamente están dentro del marco de la llamada democracia. Eso se llevó a cabo cuando sectores del Partido Demócrata plantearon algunos proyectos tendiente a atacar asuntos relacionados con el sueldo mínimo, los seguros de salud para todos, el acceso gratis a la educación superior, el pago de la deuda estudiantil, el aumento de los impuestos a los super ricos y otras demandas tocantes a los problemas que hoy padecen las mayorías. Inmediatamente, Trump y sus seguidores propalaron que los Demócratas y su candidato eran pro “socialistas”. A pesar de que se trataba de una exageración fuera de proporción, muchos todavía la aceptan, hasta el punto de que es muy común encontrar en los medios sociales personas alegando que los Demócratas son socialistas. Durante la pasada campaña electoral  se llegaron a diseñar carteles de propaganda con la figura del Presidente Biden con la hoz y el martillo, símbolos que se usaron durante la época del socialismo ruso para difundir la idea socialista. Cualquiera que tenga la mínima idea en qué consisten los planteamientos del socialismo se podrá dar cuenta, que concebir la existencia de esa doctrina en Estados Unidos y por supuesto, en el partido Demócrata, es como pensar que el arroz que consumimos procede de las estrellas. Poner en prácticas políticas para mejorar las vidas de las masas trabajadoras y establecer regulaciones a las operaciones de las grandes corporaciones no es socialismo, ambas propuestas caen dentro de lo que es la auténtica democracia; decir lo contrario es caer en la mentira.

 

 

 

 

 

 


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