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Un asunto de humanidad, no de política 

Un cuento popular que evoca los alcances del racismo dice, que una vez en la antigua Roma un hombre negro fue condenado a morir en los sangrientos escenarios del histórico Coliseo de la cede imperial, por el delito de robarse un cerdo.

El hombre fue enterrado hasta el cuello en la arena, escenario de gladiadores, donde la muerte o el triunfo eran las únicas puertas de salida.

Soltaron, como era costumbre, a enormes tigres de la India y leones africanos para que lo devoraran a la vista del público.  Cuando un león lanzó un primer zarpazo sobre la cabeza del condenado, éste, con la vía de defenderse que le quedaba, mordió la pata del león. Entonces la multitud romana que abarrotaba las gradas, enardecida, comenzó a vociferar: ¡pelea limpio maldito negro, pelea limpio!

Las agencias de prensa y en especial los enigmáticos y telenovelescos medios hispanos de la Florida, publican con llamativa frecuencia las penurias de los habitantes de países como Cuba y Venezuela, y ahora con la pandemia del Coronavirus, parecen buscar notoriedad denunciando las carencias de esas naciones para enfrentar el mal y la aguda escasez de recursos que puede resultar en un terrible holocausto.  Pero en ninguno de esos reportajes se mencionan los avances de Cuba en la medicina y su ayuda a otros países, y mucho menos que se trata de un pueblo sometido a un mortal embargo comercial desde hace mas de 50 años por Estados Unidos.

Tampoco mencionan que Venezuela en medio de esta crisis sanitaria, está sometida a sanciones económicas que congelaron todas sus inversiones petroleras en Estados Unidos que suman mas de 35 mil millones de dólares.  Dinero que debía ser utilizado para enfrentar la demanda de pacientes en los hospitales, la aplicación de pruebas del virus y para importar bienes esenciales de los que el país carece.  En cambio, ese dinero reposa en bancos norteamericanos a la merced del líder opositor Juan Guaidó, quien ahora viaja por el mundo disfrutando de los encantos de la vida sin límites como los Jeques árabes a costa de la salud y las necesidades de los venezolanos.

La administración de Donald Trump, en vez de hacer una pausa en su política hacia esos países por asuntos de humanidad, incrementó las sanciones sin importarle que son los pueblos los que pagan las consecuencias.

No se puede analizar el fracaso o el triunfo de la administración de un país bajo condiciones de embargo.  Tampoco se les podrá culpar de que miles de personas pierdan la vida innecesariamente por la carencia de recursos que tienen secuestrados los poderosos bancos norteamericanos con el apoyo de Washington.

La compañía Citgo, que destila y vende gasolina venezolana, porque es parte de PEDEVEZA, la corporación petrolera del país sudamericano, fue embargada y sus bienes entregados a los opositores del actual gobierno de Nicolás Maduro.  Actualmente, todos los beneficios de esa empresa, en vez de ir a Venezuela, van a las cuentas de Juan Guaidó.

El mundo está viviendo ahora una crisis que se ve cada cien años y que probablemente cambie el rumbo de la humanidad y nuestra actual existencia.  Una crisis provocada por un enemigo común que no tiene otra ideología mas que la muerte.

No son estos los tiempos para políticas hegemónicas, ni petulancias imperiales; ni para aprovechar coyunturas y alzarse con un poder no ganado.  Son tiempos de ocuparnos de la especie humana, que es a la que pertenecemos todos, sin colores ni banderas.

 


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