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Control de armas, la solución contra los crímenes en masa que al parecer nunca llegará

En 1994, el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, se enfrascó en una batalla legislativa con el Congreso dominado por republicanos en la búsqueda de hacer aprobar un proyecto de ley que limitara las ventas de armas de fuego, las cuales, después de las enfermedades y los accidentes transito, representaba una de las primeras causas de muerte en Estados Unidos, tanto por homicidios como por suicidios.

Armas como la AR-15, AK-47, y M-16 creadas para combate, eran y son ahora vendidas como cualquier arma de cacería o de protección personal.  Estas armas tienen un alto potencial destructivo y son capaces de atravesar un chaleco antibalas y de disparar 30 veces de manera repetida y en segmentos de segundo.

Clinton logró solo que el Congreso prohibiera la venta de estas armas por diez años.  En consecuencia, desde el año 2004, esas armas están como frutas en los mercados.

La matanza ocurrida en un supermercado de Colorado el pasado 22 de marzo, lo mismo que la ocurrida seis días antes en Atlanta, vuelven a poner sobre el debate público el tema del control de armas, pero desafortunadamente, al igual que desde décadas, el asunto cae en el vacío y se desvanece como niebla que atraviesa el sol, creando un día claro bajo una falsa normalidad.

En lo que va de año se han producido unos cinco tiroteos masivos en el país con saldo de 28 muertos.  En el año pasado, se produjeron menos incidentes de matanzas masivas pero el número de muertes por armas de fuego fue el mas alto en décadas.

Al ocurrir el último de estos fatales incidentes, el presidente Joe Biden prometió someter al Congreso soluciones para el control de armas, una pluma al viento que nunca que nunca tocará tierra, pues inmediatamente legisladores, no precisamente conocidos por ser honestos, como Ted Cruz, adelantaron su oposición a todo lo que signifique el control de armas.

La constitución de los Estados Unidos adolece de actualizaciones que hasta un estudiante de la escuela elemental puede advertir.  Una de ellas es la segunda enmienda, que prioriza la importancia de las armas en manos de milicianos civiles para “proteger la libertad”.

Esa enmienda, correspondía a un país recién liberado de su condición de colonia cuya garantía de no volver a ser ocupado por su antigua metrópolis, era la firme voluntad de ciudadanos de ser libres.  Una vez Estados Unidos pasó a ser un estado, con su propio ejército, esa enmienda se convierte solamente en un documento para las páginas de la historia.

Todos los países del mundo tienen un estado o gobierno central cuyo cuerpo está compuesto por poderes independientes y departamentos, y entre estos últimos, las instituciones encargadas de la seguridad nacional, como el ejército y las fuerzas policiales.  En esto, no cabe de ninguna manera la existencia de fuerzas independientes.  Pero esa enmienda de la constitución es, el barrote sobre el que se apoyan los legisladores financiados por los grandes fabricantes de armas en el país, para impedir a conveniencia que se controle la venta de estos instrumentos letales.

Lo cierto es que, mientras Estados Unidos tenga en Congreso personas sin escrúpulos para poner sus intereses económicos y políticos por encima de la seguridad de los ciudadanos, las matanzas seguirán tan normales como el amanecer y volver a la oscuridad.


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