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Erbil (Irak), 10 nov (EFE).- Las pequeñas minorías de Irak luchan
por sobrevivir en medio de las luchas políticas y militares entre
los grandes grupos étnico-religiosos (árabes suníes, árabes chiíes,
kurdos).
Aunque la violencia sectaria en Irak se ha reducido en los
últimos años, la vida para las comunidades étnico-religiosas más
pequeñas como la turcomana, la cristiana, la yezidí o la shabak no
es fácil.
Un informe publicado hoy por Human Rights Watch (HRW) alerta
sobre la situación de estas minorías "atrapadas" en territorios
disputados entre Bagdad y el Gobierno Regional Kurdo (KRG), que
administra tres provincias norteñas de modo casi independiente y
exige parte de otras cuatro, formalmente bajo dominio árabe.
"Las minorías de Irak se encuentran en una posición cada vez más
precaria, mientras el Gobierno central, dominado por árabes, y el
KRG compiten por los territorios en disputa. Estos territorios
contienen la mayor diversidad étnica, cultural y religiosa del
país", explica el informe.
La ONG subraya el caso de los ataques a las minorías cristiana,
yezidí y shabak de la provincia de Nínive cometidos tanto por grupos
extremistas árabes suníes, que las acusan de ser "infieles", como
por las fuerzas de seguridad kurdas, empeñadas en anexionar estos
territorios al Kurdistán iraquí.
"Todo el mundo ha sufrido estos años en Irak, pero las minorías
especialmente. Los cristianos no tenemos un partido político fuerte
que nos defienda y los poderes occidentales, sobre todo, Estados
Unidos, se han olvidado de nosotros", cuenta el padre Sabri, de la
iglesia St. Joseph de Erbil.
En 2003, la comunidad cristiana de Irak (mayormente católicos de
rito caldeo, siríaco o árabe) contaba con un millón de personas -el
6 por ciento de la población iraquí-, pero durante estos años se ha
reducido a la mitad.
"Cientos de miles de cristianos han huido del país. En el sur de
Irak, por ejemplo, el cristianismo ha desaparecido, a pesar de
llevar siglos arraigado en esta tierra", añade el sacerdote.
Los cristianos que han decidido permanecer en Irak han tenido que
refugiarse en el norte kurdo, donde existe mayor seguridad.
Es el caso de Meryem, una cristiana que tuvo que abandonar su
hogar en Bagdad para instalarse en Ankawa, el barrio cristiano de
Erbil, la capital del Kurdistán iraquí.
"En los últimos años hemos tenido que cerrar centros importantes
para el Cristianismo en Basora, Bagdad, Mosul y Kirkuk. Hemos
acogido a más de 50.000 familias aquí en el Kurdistán, porque el
ambiente es más democrático y seguro", relata Rayan Panlos Atto,
pastor de la iglesia de Mar Qardaj, también en Erbil.
Aún así, no todo el mundo está contento y algunas familias
reclaman que el KRG se ha quedado con tierras pertenecientes a los
cristianos.
"Saddam Hussein nos quitó las tierras de las afueras de Erbil,
luego los kurdos nos las devolvieron en 1991; los americanos se las
quedaron en 2003 y ahora las ha cogido el gobierno kurdo y ha
edificado el aeropuerto sin darnos ninguna compensación", se queja
una cristiana.
Mientras que en Bagdad los grandes grupos suní, chií y kurdo
debaten sobre el reparto de poderes, las minorías se van quedando
cada vez más fuera de juego.
Los cristianos continúan su éxodo hacia el norte de Irak o fuera
del país.
En la iglesia de St. Joseph, un hombre vigila aburrido la puerta
del templo con sus manos puestas sobre la culata de un kalashnikov.
Atardece sobre Ankawa y la gente procura continuar su vida
aparentando normalidad.
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