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Una crisis anunciada pero no prevenida

 

Comenzaron a subir los precios de los combustibles, tanto los de uso de transporte como domésticos.  La razón: bajos niveles de producción, producción controlada, como es el caso de la Organización de Productores de Petróleo OPEP, y malos arreglos contractuales de las empresas de algunos estados.

Europa, está ahora mismo sumida en una crisis que tenderá a agravarse en la medida en que comiencen a sentirse las temperaturas heladas y aumente en consecuencia el uso las calefacciones.  A esto no se escapa la energía eléctrica, pues las plantas generadoras de electricidad utilizan en un 80 por ciento el combustible de hidrocarburos y gas natural.

En Estados Unidos el aumento de los precios de los combustibles no debía ser problema debido a que este país cuenta con grandes reservas y con fuentes suplidoras suficientes para enfrentar una crisis, pero, ¿hasta que punto?

El mayor productor de petróleo en el mundo es Rusia, con 10.58 millones de barriles diarios, le siguen Arabia Saudita con casi la misma cantidad y Estados Unidos con 9.352 millones de barriles por día.

Los países de Europa occidental, excepto Inglaterra, importan casi todo el combustible que utilizan.  Alemania, hizo un acuerdo con Rusia para abastecerse del crudo a través de un enorme gasoducto.  Algo que no ha sido del agrado de Estados Unidos.

Entre los importadores de petróleo, el mayor es China, porque solo produce 4 millones de barriles para un mercado cada vez mas grande debido a su enorme crecimiento industrial.

La política de guerra comercial que tienen Estados Unidos actualmente contra China, Rusia y otras naciones de la OPEP, no es un buen augurio para el consumidor norteamericano.

En Estados no faltará combustible para quien pueda pagarlo, y el aumento no será tan grande como el que produce la escasez, pero si, lo suficientemente espinoso para el trabajador que vive cheque a cheque, que tiene que transportarse al trabajo y no puede apagar la calefacción de la casa porque tiene hijos.

China, debía ser un aliado comercial de Estados Unidos, pero los presidentes de la nación americana no responden a los intereses del pueblo sino al de las grandes corporaciones, para muchas de las cuales, China representa una competencia comercial.

Los países miembros de la OPEP defienden sus intereses y no les conviene aumentar la producción porque eso bajaría los precios del crudo.  Así que, mantendrán una producción controlada para obtener los mayores beneficios.

Si China sigue aumentando su consumo y en consecuencia sus niveles de importación, los precios subirán.

Pero resulta que el aumento de costo de la energía no se manifiesta solo en la factura eléctrica o de gas, o en el medidor de las gasolineras.  Se manifiesta también en los productos de consumo diario, porque todo tiene que transportarse de donde se produce hasta el consumidor pasando por los intermediarios.  Los alimentos, y todos los artículos de consumo doméstico aumentarán a precios que la mayoría de los norteamericanos de clase media pagarán sin mayores inconvenientes, pero no los de la clase media baja y los trabajadores.

Esos aumentos no se deberán a la inflación como están sugiriendo los políticos de la derecha  que dicen que la inflación es producto de las ayudas que está dando el gobierno a las familias pobres norteamericanas.  Se deberán a otros factores que harán necesarias mas ayuda.

El gobierno del presidente Biden está poniendo atención a las necesidades del pueblo norteamericano, pero está dejando que una política exterior propia del gobierno pasado arrastre su administración a un descalabro económico y político.

 

 


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