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El tema que no se toca

El pasado miércoles 19 de enero en el City Halll de la ciudad de Grand Rapids, se llevó a cabo un fórum para dar oportunidad al público de hacer preguntas a los tres finalistas de los candidatos a ocupar el puesto de jefe de policía.

Los tres candidatos, Eric Winstrom, un comandante de policía de la ciudad de Chicago; Jim Bloker, jefe de policía de la ciudad de Battle Creek; y Jutiki Jackson, un oficial retirado de Milwaukee, respondieron preguntas de la manera en la que lo harían si estuvieran en el cargo, y no como los aspirantes a hacer algún cambio en el departamento que beneficie a la ciudadanía.

Desde la muerte de George Floyd, el afroamericano de Minneapolis que fue victima fatal en mayo del 2020 de lo que se conoce como brutalidad policial, los cuestionamientos a los procedimientos de los agentes encargados del orden se han acentuado, trayendo del pasado los cientos de casos en los que muchos ciudadanos han perdido la vida por acciones de la policía que los departamentos justifican bajo el nombre de “protocolos”.

Durante el fórum, una persona del público preguntó a Eric Winstrom, ¿Qué haría para reducir la violencia con armas de fuego?  Winstrom contestó lo que haría para reducir la violencia, pero no apuntó la misma en su correcta casilla: armas de fuego.

Según las estadísticas de la organización Gun Violence Archive, cada 12 minutos se produce un tiroteo en Estados Unidos.  En el año 2020, 43 mil personas murieron en el país por armas de fuego.  En una sola semana de ese año se produjeron 430 fatalidades por armas.

En Grand Rapids, se produjeron 35 homicidios con armas, lo que significa cerca de uno cada 8 días, y se produjeron 200 tiroteos en el año, es decir, uno en menos de dos días.

Pese a esta realidad, el tema de las armas es algo que está fuera de discusión. Nadie agarra el toro por los cuernos porque teme ser chiflado.

Los agentes de policía son, mas que los ciudadanos, los que más riesgos corren por la proliferación de armas.  En año 2020, 295 oficiales de policía perdieron la vida en sus funciones, la mayoría disparados por delincuentes armados.  Los jefes de policía deberían ser los mayormente preocupados por que se controle la tenencia de armas.  Pero lamentablemente, al momento de optar por los puestos, temen tocar el tema de las armas, porque para mas del 40 por ciento de los norteamericanos la segunda enmienda de la constitución es un versículo sagrado.

Todos vimos en la televisión y los medios sociales el año pasado, cómo un mozalbete armado en Kenosha, Wisconsin, salió a las calles en medio de protestas con un rifle de asalto a enfrentar a la multitud que protestaba por los abusos policiales.  También, cómo los agentes de policía lo ignoraron sin hacer el mínimo intento por detenerlo, dejando que este matara una persona e hiriera a otras dos.  Luego, para completar el tablero del terror, vimos el año pasado el juicio en el que el mozalbete, salió libre y sin cargos, como si blandir un arma y matar, no fuera delito.

En las ponencias presentadas por los aspirantes a jefe de policía de Grand Rapids el pasado miércoles, quedó claramente confirmada la ausencia de esperanzas en el control de las armas, porque cada vez es más obvio que en este país el derecho a tenerlas es un tema que no se toca.

Biden, una amenaza mundial

 

“Putín es un asesino”, con esta declaración comenzó Joe Biden la política exterior de su administración.  Lo dijo pocas semanas después de asumir la Casa Blanca, y desde entonces, el Pentágono inició una escalada militar en el Mar Negro, que baña las costas rusas en la frontera con Ucrania, alertando las avispas eslavas y trayendo como lectura retroactiva los agrios y tensos momentos de la Guerra Fría.

Contrario a lo que prometió en su campaña, Biden no eliminó las 43 nuevas sanciones contra Cuba que impuso Donald Trump para complacer a sus votantes y aliados de la Florida.  Hizo lo mismo con Venezuela y con Nicaragua, lo cual explica a buen entendedor en pocas palabras, por dónde va el asunto.

La OTAN, es una organización militar creada por Estados Unidos y sus aliados de Europa después de la Segunda Guerra Mundial para frenar el avance de la Unión Soviética en el viejo continente.  Bajo ese acuerdo, Estados Unidos estableció bases militares en puntos estratégicos para atacar a Moscú en caso de una confrontación o tercera guerra mundial.

En 1962, el entonces premier soviético Nikita Krushchev, aprovechando la amenaza que sufría la revolución cubana de parte de Estados Unidos, negoció con Fidel Castro para instalar misiles en la isla, con el supuesto propósito de defenderla de un ataque norteamericano.  Pero el fin era otro. Krushchev quería forzar a Estados Unidos a retirar sus misiles en Polonia que apuntaban a Moscú.  El mundo estuvo a punto de una tercera guerra mundial. Todo acabó cuando John F. Kennedy aceptó eliminar los misiles de Polonia y no invadir a Cuba, y Krushchev retiró los misiles de la isla caribeña.

Después de la desintegración de URSS, varias exrepúblicas soviéticas se independizaron manteniendo su alianza con Moscú, pero otras como Ucrania, se alejaron de la línea socialista.  Ejemplos de las primeras son Bielorrusia y Kazarkistán.

Estados Unidos a través de la OTAN, ha tratado de mantener en jaque a Rusia mediante la conquista de los ex-aliados socialistas.  Pero no de manera agresiva debido a los acuerdos a los que arribaron en los años 90 las administraciones de Bill Clinton de Estados Unidos, y Boris Yensin de Rusia.

El gobierno de Biden, parece querer despertar ahora la Guerra Fría en sus peores momentos, los de los 60.  Desatando campañas medianticas para justificar agresiones militares y provocando conflictos internos en las naciones que considera del bando contrario.

Está intentando unir a Ucrania a la OTAN, con lo cual le pondrían a Moscú al enemigo en la puerta.  Está movilizando tropas en la frontera con Rusia, y como Rusia en respuesta movilizó tropas en su frontera con Ucrania, comenzaron a regar la historia de que Rusia estaría planeando invadir a su antigua república.

Ahora, pretende traer el conflicto hacia la América Latica para crear las condiciones que justificarían una eventual invasión a Cuba o Venezuela, o al menos, hacer pensar a los norteamericanos que el conflicto con Rusia es justificado.  Los medios europeos le preguntaron a un funcionario ruso que si la potencia eslava contemplaría la colocación de misiles en Cuba o Venezuela.  Como el funcionario dijo que nada es descartable, (respuesta que no tiene mucho sentido), se ha desplegado la noticia de que podría repetirse la crisis de los misiles de los 60 en el 2022.

Ni Cuba ni Venezuela morderían ese anzuelo, pero para los fines bélicos de la administración Biden, la Casa Blanca lo está tomando en serio.

El COVID-19 un pasajero de viaje muy largo

 

En el mes de mayo del 2020 escribimos un editorial en el que advertíamos que la pandemia del Covid-19 no es un pasajero de corto viaje, y que la humanidad tenía adaptar su forma de vida a las protecciones necesarias para evitar que la enfermedad siguiera cobrando vidas.

Una lectora opinó de manera enérgica e imperativa, que “si ustedes quieren vivir en confinamiento y restricciones, allá ustedes, pero yo no voy a vivir de esa manera”.

De eso hace ya mas de un año y medio, y pese a que se han aplicado cerca de 8 mil millones de vacunas en el mundo, la pandemia sigue su curso obligando a las autoridades de salud a reutilizar las herramientas de protección y buscar nuevas alternativas para detener la propagación del mal.

Según el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC por sus siglas en inglés), en solo un día de este diciembre se registraron 488 mil nuevos casos de Covid-19, mas del doble de los que se registraron en esta fecha en el año 2020.

La nueva variante del Covid-19 conocida como Omicron, es aparentemente menos mortal que la cepa original y la variante Delta, pero sí mas fácilmente transmisible que las primeras.  Aunque a ciencia cierta, no hay una conclusión absoluta al respecto.

¿Por qué cuando existen ya decenas de vacunas contra el Covid-19 los contagios de la enfermedad son mayores que cuando estas nos existían?

Por dos razones sencillas de entender que no requieren de mayores análisis:

La primera es, la resistencia de millones de personas a vacunarse y tomar medidas preventivas.  En Michigan por ejemplo, pese a que el 70 por ciento de los 10 millones de habitantes que componen su densidad poblacional ya ha recibido una segunda vacuna, los casos se han disparado a mas del doble de cuando comenzó la pandemia.  En este estado se ha apostado cien por ciento a la vacuna como si esta fuera una panacea de la alquimia, capaz de transformar la piedra en oro.  Ninguna vacuna es cien por ciento segura y mucho menos cuando se trata de una enfermedad de alta capacidad de contagio.  Ante una pandemia omnipresente la vacunación debe ir acompañada de medidas restrictivas, como el uso de mascarillas y el mantenimiento de la llamada distancia social.  En los centros comerciales de Michigan así como en los eventos y centros de confluencia humana, se pueden contar con los dedos de una mano la personas que llevan protección en sus rostros y que tratan de conservar la distancia de otras personas.

La segunda causa es el carácter comercial de nuestras sociedades, que afecta entre otras cosas, la producción y distribución de fármacos contra la pandemia.  El Covid-19, como hemos dicho antes, es una epidemia global que no se detendrá si no se aplica una solución global.  Pero resulta que vivimos en un mundo poblado de ambiciones que consideran las acciones comunitarias como atentados a sus intereses y al esquema de sociedad al que se han acomodado.

En Estados Unidos se producen diariamente millones de dosis de vacunas contra el Covid-19 que tiene una duración de vida de 24 horas después de ser desempacadas.  Millones de esas vacunas se pierden porque millones de personas no van a los centros de salud a vacunarse.  El sistema sanitario americano cuenta con que cada quien tome su decisión y no considera dentro de sus alternativas la vacunación directa a los hogares y los centros de trabajo.

La distribución de vacunas a nivel mundial se concentra en mas de un 70 por ciento en los países ricos y las diferencias política e intereses comerciales imponen una barrera contra el proyecto de vacunación global.  La Organización Mundial de la Salud se había plateado que el 40 por ciento de la población mundial estuviera vacuna para finales de 2021. Solo 92 países de los 193 miembros de las Naciones Unidas han llegado a ese porcentaje.

Estados Unidos no ha cambiado su política de aislamiento y sanciones contra los países que considera sus adversarios políticos, por lo que estos han tenido que valerse de la ayuda de las naciones que la USA considera adversarios, para poder proteger su población.

Mientras mas personas se contagien de la enfermedad, mas posibilidad tiene el virus de mutarse y prepararse para sobrevivir.  La administración del presidente Joe Biden carece de visión ante el problema y cree que solamente protegiendo a los americanos acabará la pandemia.

Los fabricantes de vacunas se niegan a liberar las patentas para permitir que otras naciones produzcan los fármacos, porque quieren mantener las enormes ganancias que les está produciendo este mal.

Por esa vía por la que andamos, no hay solución a la vista.  Hoy tenemos la Omicron y quién sabe cual otra variante mañana. Por eso tenemos que repetir lo que decíamos en el editorial del año pasado. “Aprendamos a vivir en la pandemia” porque el viaje será muy largo.

Los falsos patriotas

 

Dice un viejo refrán “Dime de qué alardes y te diré de qué careces”.

Hace un año unas tres mil personas de diferentes estados fueron convocados por el entonces presidente Donald Trump y sus edecanes, a acudir al Congreso en Washington para boicotear la proclamación de Joe Biden como presidente en función de los resultados de las elecciones celebradas el 4 de Noviembre del 2020.

En las semanas anteriores a las elecciones, un reportero preguntó a Trump que si de perder las elecciones participaría en la transición de mando.  El presidente respondió que “eso no va a ocurrir”.  El reportero insistió, “pero en caso de que usted pierda…” y el presidente contestó, “no va a ser fácil”.

Los que saben de derecho penal entienden que el presagio de un delito es una prueba incriminatoria.  El presidente Trump, no solamente anunció que no estaba dispuesto a cumplir con las reglas del sistema democrático que rige el país desde 1789, sino que desde la misma Casa Blanca, en un podio colocado en el patio frontal que da al Capitolio, cubierto con una vaya de cristal, arengó a la multitud a impedir la proclamación del ganador de la elecciones.

Trump alegaba fraude de parte de los demócratas, pero sus abogados y seguidores no pudieron demostrar la existencia de ninguna irregularidad que pudiera cambiar los resultaos de los comicios.  En otras palabras, que ejerció el derecho a apelar y perdió.

En esas circunstancias, lo menos que puede hacer un político que se respete, y en especial un presidente, es aceptar las cosas como resultaron ser.

Pero Trump se valió del bandidaje para continuar siendo presidente por encima de la voluntad de los votantes. Lanzó la multitud contra los legisladores reunidos en el Congreso provocando la peor violación a los cánones democráticos de la nación.

La multitud, con armas letales rompió puertas y ventanas mató a uno de los oficiales que protegen la histórica edificación e hirió seriamente a otros.  intentó agredir a los legisladores, los cuales tuvieron que ocultarse para salvar sus vidas. Agredió a los medios de comunicación localizados en el edificio, destruyó sus equipos de transmisión, vandalizó la sala de audiencias y los curules de algunos legisladores y destruyó históricas obras de arte que permanecían en el lugar por siglos.

Decenas de estos atacantes que se autoproclaman patriotas ya fueron arrestados y condenados, pero los autores intelectuales de este episodio funesto, aún no han sido llamados a responder por sus actos.  La mayoría de los legisladores republicanos, quienes tienen como estandarte el patriotismo, desde el cual combaten a la inmigración y proclaman el militarismo como prioridad del gobierno para “defender” la nación, condenaron de palabra estos actos, pero aún siguen apoyando al autor de los mismos.  Se niegan a apoyar la aplicación de las leyes punitivas contra estos y algunos, de menor vergüenza como Ted Cruz, los justifican.

Esos son los políticos que proclaman proteger la nación; que cargan en sus solapas banderitas en oro; que colocan banderas frente a sus viviendas y que piden a Dios que bendiga a América.  En fin, que dicen ser patriotas, que en verdad no son.

 

Cuentos de camino

Durante el siglo XIX y principios del XX, no existían los sistemas de transporte rápido como los automóviles.  La gente se transportaba a pie o a caballo, por lo que llegar de un pueblo a otro tomaba mucho tiempo.  Para hacer corto el tedioso viaje los cabalgantes y caminantes contaban historias que se inventaban, porque el camino era tan largo, que las historias reales daban solo para unos cuantos Kilómetros.  De ahí salió el llamarles a las historias falsas “cuentos de camino”.

Estamos en siglo XXI y los cuentos de caminos se siguen contando, pero no para acortar el aburrimiento que da el no llegar, sino para entretener a los televidentes y adictos a las redes sociales.  Pero también, para hacer correr mentiras en beneficio de intereses políticos y económicos.

Hay quienes se inventan las mas asombrosas historias de la cotidianeidad, basándose en teorías “conspirativas y secretas”.  Escuchamos en estos días a alguien decir que Joe Biden y Vladimir Putín son dos extraterrestres que fingen contraponerse, pero cuyos fines ulteriores son tomar el control del mundo; que Donald Trumps humano y por eso se hizo toda una conflagración para sacarlo del poder.  Que los grandes magnates del mundo pertenecen a organizaciones secretas y que son quienes ponen y quitan los presidentes. Que el Coronavirus fue inventado por esos grupos secretos para justificar poner vacunas a todo el mundo que van cargadas con dispositivos de tamaño microscópico, mediante los cuales, pueden tener el completo control de los humanos.

Si tener imaginación se trata, no queda mas que felicitar los creadores de estos cuentos. Podrían ser ideas para entretenidos guiones cinematográficos para el mundo de la ficción.  Lo peligroso de esto es, que la gente se los tome en serio.

Durante las protestas que se llevaron a cabo en el 2020 y principios del 2021 contra las medidas de restricción adoptadas por el gobierno del Michigan para contener los contagios del Covid-19, había manifestantes con carteles conteniendo fotos del fundador de Microsoft, Bill Gate, junto a una jeringa.  En las redes sociales hubo gente mostrando con monedas la presencia en su cuerpo de dispositivos electrónicos después de ser vacunados.

En la política, los cuentos de camino vienen también cargados de enigmáticas fantasías creadas con tanta imaginación que millones de personas se las llegan a creer. Hemos visto discusiones en las redes sociales en las que unas personas les dicen a otras que el socialismo ha matado a mas de 100 millones de personas en el mundo; que no existe embargo contra Cuba y que el partido demócrata y el presidente Joe Biden son comunistas.  Que Rusia busca ser el imperio soviético de otrora y que China quiere dominar el mundo.

Para ayudar a que estos cuentos de camino sigan siendo lo que son y no dejen solos y aburridos a los caminantes, hay distinguir lo que es real de lo que es ficticio.  En cuanto a los extraterrestres, es algo que desborda el límite de la razón.  En cuanto a las organizaciones secretas solo que hay saber que las grandes empresas son corporaciones capitalizadas por inversiones de acciones grandes y pequeños, que cualquiera puede comprar acciones sin tener que ser un “iluminati”ni un extraterrestre.  Que las vacunas son la respuesta natural de la ciencia ante las amenazas epidémicas. Que las pestes de las que habla la biblia no fueron producidas por nadie, lo mismo que el cólera y la gripe española y que no se ha inventado aún ningún chip del tamaño de una célula.

En lo que se refiere a la política no hay que ser periodista para saber que en Estados Unidos está prohibido viajar a Cuba y que las empresas y contratistas norteamericanos no pueden hacer negocios con la isla.  En cuanto al comunismo, no hay pagina en la historia que registre tal matanza (la de los 100 millones); ya que las mas grandes del mundo moderno han sido llevadas a Cabo por Hitler y el propio Estados Unidos con las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki.

Y por último, lo que existe actualmente entre Estados Unidos, Rusia y China, es un conflicto comercial.  Estados Unidos nunca había tenido en su historia una competencia comercial tan fuete como China y teme perder su hegemonía en cuanto a mercado, producción y adquisición de materia.  Para las grandes corporaciones que producen armamentos y para las recién surgidas empresas contratos militares, mantener el “tira y jala” con Rusia, es un gran negocio, lo mismo que en términos políticos tener al país eslavo amenazado en sus fronteras.

Todo esto es realidad y no ficción. Lo que tienen Joe Biden y el Partido demócrata de comunistas es lo mismo que tiene de plumas un conejo, o de escamas un gavilán, pero claro, en cuentos de camino, todo es posible.

EVH Impresa

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