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Los falsos patriotas

 

Dice un viejo refrán “Dime de qué alardes y te diré de qué careces”.

Hace un año unas tres mil personas de diferentes estados fueron convocados por el entonces presidente Donald Trump y sus edecanes, a acudir al Congreso en Washington para boicotear la proclamación de Joe Biden como presidente en función de los resultados de las elecciones celebradas el 4 de Noviembre del 2020.

En las semanas anteriores a las elecciones, un reportero preguntó a Trump que si de perder las elecciones participaría en la transición de mando.  El presidente respondió que “eso no va a ocurrir”.  El reportero insistió, “pero en caso de que usted pierda…” y el presidente contestó, “no va a ser fácil”.

Los que saben de derecho penal entienden que el presagio de un delito es una prueba incriminatoria.  El presidente Trump, no solamente anunció que no estaba dispuesto a cumplir con las reglas del sistema democrático que rige el país desde 1789, sino que desde la misma Casa Blanca, en un podio colocado en el patio frontal que da al Capitolio, cubierto con una vaya de cristal, arengó a la multitud a impedir la proclamación del ganador de la elecciones.

Trump alegaba fraude de parte de los demócratas, pero sus abogados y seguidores no pudieron demostrar la existencia de ninguna irregularidad que pudiera cambiar los resultaos de los comicios.  En otras palabras, que ejerció el derecho a apelar y perdió.

En esas circunstancias, lo menos que puede hacer un político que se respete, y en especial un presidente, es aceptar las cosas como resultaron ser.

Pero Trump se valió del bandidaje para continuar siendo presidente por encima de la voluntad de los votantes. Lanzó la multitud contra los legisladores reunidos en el Congreso provocando la peor violación a los cánones democráticos de la nación.

La multitud, con armas letales rompió puertas y ventanas mató a uno de los oficiales que protegen la histórica edificación e hirió seriamente a otros.  intentó agredir a los legisladores, los cuales tuvieron que ocultarse para salvar sus vidas. Agredió a los medios de comunicación localizados en el edificio, destruyó sus equipos de transmisión, vandalizó la sala de audiencias y los curules de algunos legisladores y destruyó históricas obras de arte que permanecían en el lugar por siglos.

Decenas de estos atacantes que se autoproclaman patriotas ya fueron arrestados y condenados, pero los autores intelectuales de este episodio funesto, aún no han sido llamados a responder por sus actos.  La mayoría de los legisladores republicanos, quienes tienen como estandarte el patriotismo, desde el cual combaten a la inmigración y proclaman el militarismo como prioridad del gobierno para “defender” la nación, condenaron de palabra estos actos, pero aún siguen apoyando al autor de los mismos.  Se niegan a apoyar la aplicación de las leyes punitivas contra estos y algunos, de menor vergüenza como Ted Cruz, los justifican.

Esos son los políticos que proclaman proteger la nación; que cargan en sus solapas banderitas en oro; que colocan banderas frente a sus viviendas y que piden a Dios que bendiga a América.  En fin, que dicen ser patriotas, que en verdad no son.

 


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Andrés Abreu y Edith Reyes comentan sobre las noticias en la edicion 1269 (14 de enero del 2022) de El Vocero Hispano.

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