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Por Andrés Abreu

 

El 24 diciembre de 1979, miles soldados soviéticos entraron a territorio afgano en medio de una caótica situación política causada en gran medida por la influencia extranjera en la vida de la pequeña nación.

Afganistán vivió dos guerras contra los invasores ingleses, sufrió el desmembramiento político causado por emires autoproclamados y para los años 60s se encamina a ser un régimen modelo en el convulsionado mundo árabe.

El Partido del Pueblo había estado gobernando y modernizando el país desde 1965.  En abril de 1978 asumió el poder Nur Mohammad Taraki, un escritor fundador del Partido Democrático Popular de Afganistán, quien emprendió impresionantes reformas democráticas que incluían la igualdad de derechos de las mujeres, el derecho a los sindicatos, garantías constitucionales sobre los ciudadanos y una extensa reforma agraria.  Cinco meses después su propio primer ministro, Hafizullah Amin, le dio un golpe de estado, secuestrando a él y alegando que este estaba enfermo y le había designado como su sucesor.

Amin, en realidad era un agente de la CIA quien fruto de un intenso entrenamiento en Estados Unidos había sabido ganarse una alta posición en el gobierno de Taraki.  Se mostraba como un seguidor del líder afgano realizando toda clase de eventos en su honor.

Al tomar el poder Amin trató de despojar de cualquier duda al gobierno soviético sobre sus intenciones proclamando su “profunda amistad” con la URSS y prometiendo continuar la obra de Taraki.  Pero fue todo lo contrario, estableció un régimen totalitario y criminal ordenando el asesinato de los ministros fieles a Taraki.  Comenzó a acercarse a Estados Unidos y a alejarse de los soviéticos hasta que éstos se enteraron de todo lo que se cosía tras bastidores.  Nur Mohammad Taraki fue en realidad asesinado por orden de Amin y nunca estuvo enfermo ni renunció al poder.

El 24 de diciembre de 1979 sorpresiva pero cautelosamente organizada comenzó la invasión soviética. Miles de paracaidistas rusos descendía en los suburbios de Kabul al tiempo que el poderoso ejercito sitiaba a las fuerzas armada afganas y el palacio.  Miles de soldados soviéticos avanzaron vestidos de militares afganos.

Los soviéticos sabían que el interés de Estados Unidos sobre Afganistán era colocar misiles en dirección a Moscú.

En la invasión murieron centenares de soldados de élite afganos y el presidente de facto Amin.

La ocupación soviética sobre Afganistán duró 10 años en los cuales se formaron al menos siete grupos opositores armados apoyados por Estados Unidos.

La administración de George H. Bush invirtió miles de millones de dólares en armas sofisticadas para que los rebeldes afganos enfrentaran a las tropas de ocupación rusas.

Al retirarse forzosamente la URSS del país, los fundamentalistas musulmanes tomaron el poder echando atrás todos los avances en cuanto a los derechos constitucionales y de la mujer.

La administración de Bill Clinton enfrentó al gobierno de los talibanes por los abusos contra las mujeres y éstos se declararon enemigos de Estados Unidos. Destruyeron las legendarias estatuas de Buda y le dieron albergue al terrorista saudí Osama Bin Laden, quien luego organizó los ataques terroristas en territorio norteamericano del 11 de septiembre del 2001.


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Andrés Abreu y Edith Reyes comentan sobre las noticias en la edicion 1269 (14 de enero del 2022) de El Vocero Hispano.

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